Burbuja de silencio
4 de marzo de 2012
De costumbres y extrañamientos
Es gracioso que uno se pueda acostumbrar a ver la misma imagen todos los días. La computadora, el escritorio, el teléfono cuyo timbre sonaba como un chillido, la vista desde un primer piso en una avenida llena de árboles y los compañeros de banca. 4 años se dicen pocos pero son muchos. Quién hubiera imaginado que pasarían tantas cosas, buenas y malas, que aprendería tanto, personal y profesionalmente, y que el día que me fuera sería en paz y con cosas que agradecer.
Aún recuerdo la desesperación que me llenaba hace dos años, los corajes que hice y las lágrimas que me sacaron. También recuerdo lo que aprendí, como que sólo es un trabajo, que gente mala y loca hay en todas partes, que por cada persona negativa hay una positiva en quien podemos confiar, y que todo pasa por una razón.
Agradezco a la vida por haberme puesto enfrente a personas que pudieron darme palabras de aliento, que sabían por lo que estaba pasando y me compartieron sus propios aprendizajes, que me escucharon cuando necesité desahogarme y que me acompañaron en el proceso. He pensado en las cosas que voy a extrañar, pero nada me emociona más que lo que está por empezar, así que... arriba y adelante.
7 de febrero de 2012
Comer, rezar, amar
Rumi, el célebre poeta y filósofo sufí, pidió en una ocasión a sus alumnos que hicieran una lista de las tres cosas que más anhelaban en la vida. Si alguno de los elementos de la lista no armoniza con uno de los demás, les advirtió Rumi, os espera la infelicidad. Lo mejor es llevar una vida orientada en una única dirección, les explicó. Entonces, ¿qué hay de los beneficios de vivir armónicamente entre dos extremos? ¿Qué sucederá al crear una vida lo bastante expansiva como para poder sincronizar varios contrarios incongruentes en un esquema vital que no excluyera nada?... Es decir, quería experimentar ambas cosas. Quería los placeres mundano y la trascendencia divina..., la gloria dual de una vida humana. Quería lo que los griegos llamaban el kalos kai agathos, el extraordinario equilibrio entre la bondad y la belleza... Estar con cuatro pies en la tierra, una cabeza hecha de follaje, mirando el mundo con el corazón...
Elizabeth Gilbert.
28 de enero de 2012
Una cuestión personal
—Bird..., si se tratase de algo que también me afectara a mi, que pudiese compartir contigo, entonces podría ayudarte mejor. —Su tono era afectuoso.
—Tienes razón. Es una cuestión personal. Cuando estás solo dentro de una cueva privada, al final llegas a una salida lateral que conduce a una verdad que te concierne a ti y a todo el mundo. Eso recompensa los sufrimientos padecidos. ¿No le ocurrió así a Tom Sawyer? Tuvo que sufrir en una cueva oscura, pero al mismo tiempo encontró el camino hacia la luz y un saco de oro. Sin embargo, lo que experimento ahora es como cavar en solitario el pozo vertical de una mina, recto hacia abajo, hacia una profundidad sin esperanzas y que nunca se abrirá al mundo de nadie más. Así que, aunque sude y sufra en mi cueva privada, mi experiencia jamás le importará a concernirá a nadie. Lo único que hago es cavar y cavar, algo estéril y vergonzoso. ¡Esta vez Tom Sawyer está en el fondo de un pozo sin salida y no me sorprendería que enloqueciera!
Kenzaburo Oé.
5 de enero de 2012
Mi 2011
Cosas memorables:
- Adoptamos a Mateo, Sebastián tiene un hermano menor y los dos son muy felices.
- París en todo su esplendor, sin duda regresamos en 2012.
- Los seis meses que pasé corriendo de un lado para otro para descubrir lo mucho que en realidad me gusta mi trabajo.
- Regresar al ballet, reconocer que los años pesan en el cuerpo y sufrir cada gota de sudor. Al final siempre vale la pena.
- Te llamaré viernes, de Almudena Grandes.
- Aquí no, ahora no, de Erri de Luca.
- Sueño profundo, de Banana Yoshimoto.
- Nieve de primavera, de Yukio Mishima.
- La boca llena de tierra, de Branimir Scepanovic.
- Ni de Eva ni de Adán, de Amélie Nothomb.
- Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami.
- El infinito en la palma de la mano, de Gioconda Belli.
- Los que nos salvaron, de Jenna Blum.
- Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr.
- Un descanso verdadero, de Amos Oz.
- Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.
- Biografía del hambre, de Amélie Nothomb.
- City, de Alessandro Baricco.
- Tsugumi, de Banana Yoshimoto.
- La carretera, de Cormac McCarthy.
- Disecado, de Mario Bellatín.
- Historias extraordinarias, de Roald Dahl.
- El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vázquez.
- Recuerdos de un callejón sin salida, de Banana Yoshimoto.
- N.P, de Banana Yoshimoto.
- Juventud, de J.M. Coetzee.
- Un gran chico, de Nick Hornby,
- Seda, de Alessandro Baricco.
- La vida en titulares, de Catherin O'Flynn.
- Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami.
- Novecento, la leyenda del pianista en el océano, de Alessandro Baricco.
30 de diciembre de 2011
Novecento, la leyenda del pianista en el océano (2)*
Y mientras dábamos vueltas y revueltas entre las mesas, rozando las lámparas y las butacas, comprendí que lo que estábamos haciendo en aquel momento, lo que de verdad estábamos haciendo, era bailar con el océano, nosotros y él, locos bailarines y perfectos, abrazados en un vals turbulento, sobre el dorado parquet de la noche. Oh yes.
Alessandro Baricco.
Novecento, la leyenda del pianista en el océano
"No estás jodido verdaderamente mientras tengas una buena historia a cuestas y alguien a quien contársela". Él sí que tenía una buena historia... Él era su buena historia. Delirante, a decir verdad, pero hermosa...
Alessandro Baricco.
28 de diciembre de 2011
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2)*
¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro?
Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la escencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer?
Murakami nos hace acompañar al señor Okada en sus tareas cotidianas, como llevar la ropa a la tintorería, cocinar, comer, tomarse una cerveza, fumarse un cigarro, chupar un dulce, lavar la ropa, ir al súper, bañarse, leer, matar el tiempo y buscar al gato que lleva varios días perdido. Actividades que parecieran banales e insignificantes para el transcurrir de la historia pero que están llenas de elementos y señales sobre lo que vendrá después: un desenlace que se convierte en una reflexión sobre la soledad, sobre nuestra capacidad para conocer a otro, para conocernos a nosotros mismos, sobre cómo todos estamos conectados y cómo la gente que entra y sale de nuestra existencia siempre tiene un papel que representar para un fin último, ¿será que el cumplimiento de ese fin depende de nosotros o que ese libre albedrío del que tanto hablan es sólo una ilusión?
Todo esto también me hace pensar en el papel que los sueños tienen en sus historias, en las de Banana Yoshimoto y en nuestra vida, ¿será una coincidencia o será que la existencia de un mundo paralelo al que se accede a través de los sueños es una creencia (o experiencia) universal? Y es que, ¿quién no se ha perdido entre la delgada línea que separa estar dormido de estar despierto, quién no ha descubierto a alguien o a sí mismo gritando, riendo, sollozando, hablando, moviéndose o teniendo los ojos abiertos, mitad allá y mitad aquí, en ocasiones creyendo que el sueño era la realidad y en otras mezclando la realidad con el sueño?
Es toda una aventura adentrarse en el universo de Murakami, con todo y su propia banda sonora, en este caso, la obertura de La gazza ladra (La urraca ladrona), de Rossini. Si uno la conoce, es un hecho que la tarareará durante todo el libro; si no, la narración obliga a buscarla inmediatamente. Aquí hay una versión con Gustavo Dudamel como director de la Orquesta Juvenil Simón Bolívar.
13 de diciembre de 2011
25
A los 20 años hice un viaje a Oaxaca que me cambió la vida y luego recibí los 21 con mis amigos y bailé hasta el final.
Cuando cumplí 22 ya tenía mi primer trabajo serio como editora de una revista y festejaba el 13 de diciembre con el amor de mi vida en un lugar lleno de pintura fosforescente.
Para cuando llegaron los 23 ya podía regresar todos los días a mi departamento, habitado por un Sebastián cachorro que hacía destrozos y lloraba si se le dejaba solo.
En mis 24 aprendí el valor de los verdaderos amigos y de la familia.
Los 25 los festejo con un viaje relámpago a París con mi persona favorita. Si así termina mi primer cuarto de siglo, quiero ver qué trae el resto.
Cuando cumplí 22 ya tenía mi primer trabajo serio como editora de una revista y festejaba el 13 de diciembre con el amor de mi vida en un lugar lleno de pintura fosforescente.
Para cuando llegaron los 23 ya podía regresar todos los días a mi departamento, habitado por un Sebastián cachorro que hacía destrozos y lloraba si se le dejaba solo.
En mis 24 aprendí el valor de los verdaderos amigos y de la familia.
Los 25 los festejo con un viaje relámpago a París con mi persona favorita. Si así termina mi primer cuarto de siglo, quiero ver qué trae el resto.
11 de noviembre de 2011
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
No se debe oponer resistencia a la corriente: hay que ir hacia arriba cuando hay que ir hacia arriba, y hacia abajo cuando hay que ir hacia abajo. Cuando debas ir hacia arriba, busca la torre más alta y sube hasta la cúspide. Cuando debas ir hacia abajo, busca el pozo más profundo y desciende hasta el fondo. Cuando no haya corriente, quédate inmóvil. Si te opones a la corriente, todo se seca. Si todo se seca, el mundo se ve envuelto por las tinieblas.
Haruki Murakami.
10 de octubre de 2011
Seda
—Tal vez sea que la vida a veces da tales vueltas que no queda ya absolutamente nada que decir.
Alessandro Baricco.
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