4 de abril de 2011
Todo es culpa de la empatía
Obviamente, esta empatía me hace sentir peor cada que veo noticias negativas, ya ni se diga catastróficas. Imaginar la angustia y el sufrimiento de las personas que viven un evento desafortunado me altera, pero la cosa no se queda ahí porque mi punto débil son los animales, sobre todo aquellos que nosotros -los humanos- colocamos en una posición difícil, aquellos que encerramos en las casas o que abandonamos a su suerte después de mimarlos hasta que dejaron de ser autosuficientes. Claro que en un desastre ellos están peor colocados y preparados que nosotros, y eso no parece importar a sus dueños, que son responsables no sólo de alimentarlos y mimarlos, sino de sus vidas. En fin, esto lo escribo por los animales que han sido noticia en los últimos desastres naturales, no voy a poner videos porque seguro ya todos los vieron, pero sí me quedo con ganas de decir un par de cosas muy groseras a aquellos que piensan que los animales son sólo eso, entes sin conciencia, memoria y sentimientos, porque al final son seres vivos como nosotros y se merecen el mismo respeto y cuidado.
4 de marzo de 2010
Ojalá tiemble y ya
Esta conversación debe haber sido por el jueves de la semana pasada y me emocionó tanto, que ya estaba yo pensando en irme toda una semana y visitar las dos ciudades sin importar lo que eso me costara, hasta que llegó el sábado y cambió la historia (además de la geografía terrestre). El sismo de 8.8 grados en escala de Richter que tuvo como epicentro la ciudad de Concepción en Chile hizo que mis temores y sueños catastróficos se reavivaran; sobra decir que un desastre de esa magnitud podría suceder aquí en cualquier momento y debemos tenerlo presente todo el tiempo para que cuando pase, las pérdidas sean mínimas.
A lo mejor mi tristeza y preocupación surge del miedo a que vivamos algo parecido, pero ver por lo que han tenido que pasar los chilenos (y antes los haitianos) hace que llore con cada nota que leo o veo en la televisión. Pero, en Chile las bajas han sido muy pocas (o eso dice su gobierno) debido a que la conciencia de la cercanía de un desastre natural de tal magnitud ya se había implantado en ese país por el terromoto de 9.5 grados en la escala de Richter con epicentro en la ciudad de Valdivia durante 1960 y muchas de sus edificaciones habían sido echas con la intención de resistir un movimiento telúrico. En México no.
Acá muchas de las construcciones son muy viejas y las nuevas son demasiado frágiles. Además, toda la ciudad está construida sobre un lago ya seco y ríos entubados, lo que ha hecho que la tierra se recorra por falta de humedad y se termine por hundir casi toda el área urbana. ¿En qué momento se le ocurrió a los aztecas construir sobre un lago?, o mejor aún, ¿En qué momento se nos ocurrió eliminar el lago y los ríos que soportaban la ciudad? Aplausos para nosotros.
Quién sabe cuándo llegue el temblor, quién sabe qué tan fuerte será, lo que nos queda es vivir alertas, con la certeza de que tarde o temprano estará bajo nuestros pies. Sinceramente, yo preferiría que fuera pronto, para poder quitarnos de una vez la espinita que tenemos clavada en algún lugar entre el estómago y el corazón.
Este cartón me sigue dando mucha risa, fue hecho hace un año, cuando en México tuvimos el acierto de descubrir el virus de la influenza H1N1 y ¿qué le dijo México a la influenza? Mira cómo tiemblo, jaja.
26 de febrero de 2010
¿Por qué no pueden ser responsables?
El punto es que por algún motivo en mi colonia el 90% de los vecinos tiene perros de razas grandes, qué digo grandes, enormes. Decenas de pastores alemanes, labradores, golden retriever, rotweilers y algunos que no sé qué raza son, pero son gigantes. La mayoría de estos perros no salen a la calle o al menos nunca los hemos visto fuera, yo creo que esto sólo los ha hecho peores, porque envidian que Sebastián salga dos veces al día y tenga una correa de las extensibles hasta cinco metros. El motivo de que mi perro use esta correa es que es más amigable que JM y yo juntos, le encanta hacer amigos, aunque ya tuvo que aprender por las malas que no todos quieren jugar con él.
El punto es que hoy por la mañana acabábamos de dejar a JM en el lugar donde toma su transporte para la oficina y caminábamos hacia el departamento con mucha calma, pues era muy temprano. De repente, me sorprendió ver abierta una de las puertas que normalmente escondían a un perro con mucha fuerza, que ya incluso había aboyado su 'corral'. Me asomé al interior de la casa buscando al perro y no lo vi, sólo noté que un señor estaba sacando su carro; supuse que lo habían amarrado o encerrado mientras maniobraba, así que seguimos caminando.
De repente escuché al perro venir atrás de mi, Sebastián iba como dos metros adelante, así que intenté jalarlo para cargarlo, pero ya era demasiado tarde. El ingenuo de Sebastián retrocedió pensando que quería jugar con él e hizo que el pastor alemán quedara entre él y yo, pero las intenciones de tamaño perro no eran tales. Le empezó a tirar mordidas, Sebastián se hacía hacia atrás y yo no podía acercarme por tener al pastor alemán entre las piernas. Para quienes nunca han tenido que salvar a su perro de uno del triple de tamaño, les digo que es la peor sensación del mundo.
¿Dónde estaba el dueño?
Ni idea.
Mejor una señora que pasaba quiso detenerse a ver qué pasaba, obviamente no podía hacer nada por ayudarnos, el otro perro era demasiado grande e involucraba mucho riesgo. Sebastián lloraba horrible, estoy segura de que por lo menos lo pellizcó en varias ocasiones. Al fin pude cargarlo, pero el perro nos empezaba a seguir y como mi bretón estaba muy asustado, se quiso echar a correr de nuevo, con lo que logró que el pastor alemán lo pudiera atorar entre un árbol y un coche. Pobre de mi Sebastián. =(
La verdad es que le tuve que soltar una patada, bueno, no fue una patada, sólo un empujón para que me dejara sacar a Sebastián de su encierro. Una vez que Sebastián estuvo en mis brazos otra vez, el perro seguía insistiendo, a lo lejos vi que el dueño, el hombre que estaba sacando el auto, se asomaba y le llamaba al perro que evidentemente no le hacía caso.
Empecé a caminar pegada a la pared para proteger la cola y las patas de Sebatián de las fauces del otro perro hasta llegar a la glorieta y entonces ya corrí hasta mi edificio sin voltear a ver qué pasaba con el dueño y el otro perro.
Ya en el departamento revisé a Sebatián de pies a cabeza, aunque no le encontré ningún daño visual más allá de la tierra y la baba en todo su cuerpo. También tenía un raspón en lo que sería su talón, pero parece ser que nada más, de alguna forma el otro perro no lo alcanzó a morder de verdad o eso parece hasta ahora.
Tener que dejarlo solo ahorita es muy angustiante, espero que esté bien, que ya no esté tan asustado y que en realidad no le haya pasado nada. En cuanto pueda iré a revisarlo. Mi pobre Sebastián. =(
E insisto ¿Dónde estaba el dueño? Tiene un perro, eso sólo es motivo para estar al pendiente de él. Su perro es de una raza muy grande, ¿por qué lo dejó salir así como así? Su perro es agresivo o al menos así se mostró con Sebastián, que en serio es el perro más amistoso del mundo ¿por qué no tenía correa, por qué estaba afuera? ¿por qué no salió tras él en cuanto oyó a Sebastián llorar? ¿por qué no corrió a quitárnoslo de encima?
Eso se llama irresponsabilidad. No les importa su perro, ni lo que haga. No quiero ser fatalista, pero pudo haber lastimado seriamente o hasta matado a Sebastián, es un perro del triple de su tamaño y obviamente con el triple de fuerza. En México realmente falta una cultura para los dueños de mascotas, no es posible que ni siquiera me ofreciera una disculpa después del hasta ahora aparente susto que nos metió su perro. Sobre todo, no es posible que no respondiera por él. Yo entiendo que hay perros muy ermitaños, antisociales y hasta agresivos, Bruno, mi otro amor canino que ahora vive con mis padres, odia a la gente y tiene complejo de perro grande (todo se parece a su dueño, jeje). Pero nos hemos responsabilizado por él, sale siempre con correa, se le encierra cuando hay alguien más en la casa y cuando ha asustado a alguien, lo primero que hacemos es castigarlo y pedir disculpas. Claro, debería mencionar que es un schnauzer mediano black & silver, así que el daño que podría hacer no es mucho.
En cuanto pueda regresar a mi casa, voy a llevar a Sebastián al veterinario y ese hombre me va a oír, le voy a hablar de su irresponsabilidad, de lo que pudo pasar, de su falta de atención, de que yo lo podría demandar y sobretodo, que la culpa no fue del perro, sino suya; al igual que en la reciente noticia de que una orca mató a su entrenadora, la culpa no es de la orca que seguramente quería jugar con ella, sino nuestra por tener a un animal tan grande encerrado en un espacio tan pequeño y obligarlo a actuar como payaso todo el día.
Ya verá.
Para los que no conocen a Sebastián, aquí se los dejo.
8 de febrero de 2010
Patience, my young padawan
Desde que me gradué hace dos eneros (no me he titulado, no digan nada, porque me traumo más), mi vida se ha desencadenado como una avalancha. Poco después de la fiesta de graduación (muy a la gringa) hicimos un viaje a Ixtapa; unos días después, JM y yo empezamos a andar, fuimos a Acapulco (en Guerrero) y a Cocoyoc (Morelos), recorrimos casi toda la ciudad a pie, mezclamos nuestras vidas y ahora vive conmigo (y Sebastián) en mi recién rentado departamento. Sin palabras.
Los planes para este año son muchos, demasiados si los cuento, pero tengo la ilusión de que todos y cada uno se lleven a cabo en su debido tiempo. Yo solía pensar que las personas no cambian, pero JM me dijo que para que cambien necesitan vivir una experiencia muy fuerte; hasta ahora no sé que tan cierto sea, pero les puedo decir que en mi caso el año pasado fue el más intenso de mi vida y lo que yo tuve que aprender fue ser PA–CIEN–TE. Créanme que carecía de esa virtud.
—
En otras noticias, quiero remitirlos a un post de Luis Frost con el que me identifiqué mucho porque tiene toda la razón del mundo sobre la matanza irracional de estudiantes que estaban en una fiesta en Ciudad Juárez. Yo también quiero que me Fecal me mienta al respecto y sobre muchas otras cosas:
Al Primer Chaparrito de la Nación.
(Ya sé, ya sé, en este post abusé de los paréntesis).
13 de enero de 2010
Mis sueños catastróficos
No todos los días me acuerdo de lo que sueño o a lo mejor ni siquiera sueño, pero cuando lo hago suelen ser cosas que me hacen estremecer nada más recordarlas. La mayor parte de las veces, mis sueños parecen películas, por ejemplo, he pateado zombis, he sido una maestra defensora de alumnos mutantes y hasta he visto y hablado con personas con las que ya no tengo contacto. Puede que estos sueños sean muy comunes y está bien, no me asustan ni nada, pero cuando me toca soñar con terremotos, incendios, aviones que se caen, etcétera, es cuando realmente no me dan ganas de volverme a dormir nunca.
Una vez soñé que toda mi familia y yo estabamos jugando tenis en un lugar que no conocía y entonces temblaba. Yo tenía que atravesar toda la ciudad destruida en un microbús horrible porque mi pobre perro Bruno estaba en el departamento de mis papás. Cuando llegaba, el edificio no estaba, pero Bruno corría a saludarme sano y salvo.
En otra ocasión soñé que estaba con mi hermana, una amiga y un primo en el Zócalo, y de repente, veíamos cómo un avión intentaba aterrizar en la plancha pero terminaba adentro del edificio del Gobierno del Distrito Federal. Aún así, lo realmente terrible comenzó cuando detrás de ese avión comenzaban a caer muchos más, como moscas aplastadas. Mi primo y mi amiga desaparecían de la escena, pero mi hermana y yo lográbamos llegar a la casa de mis papás, que está en un quinto piso, sólo para ver a los aviones caer.
No sé de dónde viene esta tendencia a las pesadillas, mi mamá me ha platicado sus sueños y sólo tiene uno repetitivo: que se avienta de la ventana y se da cuenta de que puede volar. En fin, es precisamente por estos sueños que ahora me dan pánico los temblores y hasta los aviones (aunque sé que hay más probabilidades de morir por cualquier otra causa).
Tal vez se pregunten por qué sale esto a colación y es que el sismo de 7.0 grados en la escala de Richter en Haití provocó que en mi mente estén presentes las escenas de mis sueños. No me imagino lo que es vivir algo así y cruzo los dedos con la esperanza de que nunca me toque hacerlo, en serio espero que mis pesadillas se queden en mi mente para siempre.
BTW, los que puedan donen algo.
22 de junio de 2009
Enfermedades zoonóticas
http://ngenespanol.com/2009/06/01/animales-infecciosos-articulos-2/
18 de mayo de 2009
Benedetti: me enseñó a vivir adrede.
Durante mucho tiempo quise leer La tregua de Mario Benedetti. Ya había leído Primavera con una esquina rota y Vivir adrede, pero no la que es considerada por los críticos como su obra maestra. Cuando por fin conseguí el libro (en realidad se lo regalé a mi mamá de cumpleaños para luego pedírselo prestado) y comencé a leerlo, no me atrapaba. No lograba cautivarme y hacer que lo quisiera terminar de un jalón, aún así, continué leyendo con el firme propósito de terminar de entender a Benedetti. Eventualmente, llegué a la conclusión de que la única palabra para describir su estilo es ‘sabroso’; a pesar de que no me estaba identificando con la historia, su escritura, la manera en que plasma los recuerdos y las emociones, no sólo de el personaje principal, sino de cualquier personaje (lo mismo me sucedió con Vivir adrede) te hacen visualizar inmediatamente los rostros, las emociones y las situaciones en las que los coloca.
Para cuando iba a la mitad del texto comencé a relacionar a los personajes con gente que he conocido o conozco, a imaginarme qué haría yo si estuviera en la situación de alguno de los personajes y a querer sentir los tipos de amor que experimenta el personaje principal. Eso es lo que convierte éste libro (y cualquier otro) en excepcional: al principio el lector no encuentra ninguna relevancia en conocer la vida de un futuro jubilado (Martín Santomé) que se fija en una ‘chavita’ (eso pasa todos los días), pero después se da cuenta de que en realidad sí interesa, porque hay características de su contexto que se repetirán en el nuestro. Ya sea la muerte de su esposa, la madurez de sus hijos, su retiro y su inseguridad ante los sentimientos (suyos y de Laura Avellaneda, la joven de la que se enamora).
Todos quisiéramos que al llegar a una edad mayor, siguiera existiendo alguien a nuestro lado, alguien dispuesto a aceptar nuestras arrugas, canas, calvicie, flacidez, estrías, falta de dientes y demás. A lo largo de la historia el personaje no es tan viejo, pero su miedo es que 10 años después, cuando sí lo sea, Avellaneda decida dejarlo por alguien más joven. Y lo más romántico (o cursi) de todo esto, es que ella le dice: “’Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera’”; a lo que él reflexiona: “Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir”.
Esa opresión en el pecho significa vivir…¿quién no ha sentido esa opresión en el pecho? Es una sensación similar la que provoca el enamoramiento y la que provoca la soledad, pero ambas nos hacen sentir que estamos vivos. Esa idea es la base del libro, que siempre hay que buscar algo que nos haga sentir vivos, algo que nos ocasione esa ocasión en el pecho de la que habla Benedetti, ya sea un amor, un amigo, la familia, el trabajo, ¿y por qué no? la soledad misma.
La vida de un hombre, lo que la compone, lo que le recuerda que está vivo. Para Santomé el trabajo es la base de su existir. Cuando se jubile, poco después de los 50, ya no tendrá nada que hacer, estará dedicado al ocio y eso lo asusta. Antes de que eso suceda lo inesperado se hace presente, conoce al ‘amor de su vida’. A pesar de haber estado casado, se da cuenta de que el amor que tuvo con Isabel (su primera esposa) dista mucho de parecerse al que descubre en Avellaneda. Lo que no sabe es que su relación será solamente una probadita de felicidad.
Así debemos ver la vida, como una serie de oportunidades limitadas. Se nos presentarán algunas increíbles y otras no tanto, pero todas deben ser consideradas como únicas, no se repetirán, no podemos esperar que la vida nos tenga paciencia y nos mande una tras otra y todas excelentes. Eso no sería vivir…
Hasta ahí había escrito el viernes, hoy lunes, tiene un nuevo significado. Me gustaría creer que Benedetti me llegó en el momento exacto, quiso que yo lo descubriera antes de irse…y así sucedió.
Chau Benedetti, gracias por tus hermosas palabras.
"Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados".
Vivir adrede. Mario Bendetti.
16 de diciembre de 2008
El modesto titán
Muchas caras familiares: compañeros, amigos, conocidos —de nombre y persona— se dieron cita; algunos por trabajo y otros sólo por el interés de presenciar a este maestro y modelo a seguir. Las 6:45 y ya la sala estaba a reventar, los pasillos aledaños hacían las veces de salida de emergencia y de lugares para más espectadores.
El tiempo pasa y el personaje principales no aparecen. Dan las 7:15. Cuando se abren las puertas se dispara una tormenta de ‘flashazos’ y se desata una conmoción en un lado de la sala: Günter Wallraff está en México. Un hombre delgado, alto y cano; debe estar pasando por los 60 años, con lentes y bigote. Su rostro es una mezcla entre dureza y afabilidad, sus manos inquietas sostienen una mochila bastante grande como para subirla a un escenario.
Finalmente se integra la mesa de participantes: Wallraff está acompañado de dos personajes que son fruto de la mezcla de las culturas de México y Alemania; Jürgen Moritz y Marco Lara Klahr, quienes lo introducen y usan demasiado tiempo en hablar de sus logros bien sabidos por todos los asistentes. Tras varios minutos de desesperación por parte del público, Wallraff comienza a hablar. Lo primero que hace es reconocer las atenciones que México ha tenido hacia él, y la fama que lo precede en este país es grande. No sólo por su trabajo en Cabeza de turco, sino por todo lo que su labor periodística representa en una sociedad en la que los comunicadores que han realizado —o intentado realizar— un trabajo semejante han resultado muertos. Pero Gunter Wallraff no quiere hablar de sí mismo: “No me traten como maestro, sólo soy un aprendiz”, se escucha por los audífonos de los traductores simultáneos que permiten a la gran mayoría de la sala entender lo que dice en alemán.
Presenta su último trabajo realizado en Alemania: un reportaje en el que se infiltra en call centers (centros de atención telefónica) para descubrir cómo estas empresas se encargan de engatusar a los clientes para enjaretarles productos innecesarios y no requeridos explícitamente. Wallraff, a sus 66 años se hace pasar por un hombre de 40. Hace unas cuantas llamadas, estudia el método de ventas y decide que éticamente no puede engañar a sus potenciales clientes. A pesar de su poca estancia dentro de estas compañías logra conocer su funcionamiento y la falta de ética que se necesita para cargar sin autorización miles de euros a una tarjeta de crédito.
La polémica levantada en Alemania por este desenmascaramiento provocó que se buscara el establecimiento de leyes que sancionen malas prácticas de marketing. Tras esta proyección llegó el momento de escuchar, ahora sí, a Wallraff. Para sorpresa de todos, Wallraff apenas y habla; anuncia que quiere recibir preguntas del público. “Yo estoy aquí como alguien que quiere aprender y no como docente, los jóvenes traen muchas preguntas y nuevas formas de hacer nuevas acciones”. Los temas son mucho: sus trabajos, el miedo, ser un reportero encubierto, enfrentarse a multinacionales, gobiernos y delincuentes, su opinión sobre George W. Bush, sobre la situación en México. Al respecto, le interesaría investigar el mundo de la prostitución, el narcotráfico o la corrupción en el gobierno. Su mayor miedo como periodista de investigación es ser descubierto. No ya a los grandes personajes de la vida mundial, ante quienes se ha sentado, los ha entrevistado y desenmascarado. Mientras, seguirá trabajando en lo que sabe hacer: el periodismo.
Sobre México dice palabras fuertes pero ciertas: han muerto 16 homólogos, tan sólo en 2008 y eso le preocupa. Para que en este país puedan realizarse labores de investigación, es necesario que los comunicadores que estén ‘wallraffeando’ no trabajen solos, sino con un grupo de apoyo en el que existan reglas bien establecidas, como que cuando se desenmascare a uno, los demás puedan seguir trabajando. “El mundo no puede seguir como estaba, estamos en tiempo de crisis. Presiento un gran cambio”, concluye —quién lo hubiera pensado— un titán que a pesar de su trabajo, fama y calidad, es modesto.
26 de noviembre de 2008
Mirando al cielo
El cuatro de noviembre sucedió en esta ciudad de México lo temido por muchos y pronosticado por algunos menos: se cayó un avión. Una de las consecuencias que acarrea ser de las pocas ciudades con un aeropuerto internacional, dos terminales (una de ellas, la más nueva, mal hecha) y casi mil operaciones diarias.
En la aeronave accidentada iba Juan Camilo Mouriño —alias Iván—, entonces secretario de gobernación de Felipe Calderón Hinojosa, presidente legal de México. Un acontecimiento que ‘casualmente’ ocurrió en uno de los días más importantes en materia de política mundial que he vivido. Ese mismo cuatro de noviembre Barack Obama fue elegido presidente de Estados Unidos; debo reconocer que, al menos en materia personal, fue un día lleno de acontecimientos fuera de lo ordinario, y que culminó con sentimientos encontrados, confusión y cansancio.
Por la mañana, asistí a la conferencia de medios que los Fabulosos Cadillacs ofrecieron para presentar su nuevo material La luz del ritmo, me encontré a mi ex jefe y salí con un ejemplar de este nuevo disco que en realidad es similar al Sawdust de The killers, versiones inéditas de temas ya memorizados, y una o dos producciones ex profeso. Después a la oficina.
Por la noche, llegaba al Centro Histórico para asistir a una lectura de poesía en una recién descubierta librería y cafetería en la calle Donceles, cuando recibí una llamada de mi madre, quien con su voz de regaño me dijo: —¿dónde estás?—, tras hacer un recorrido mental por todos los lugares donde debería estar y tal vez no estaba, le contesté mi ubicación; a esto, tras un cambio de entonación, me dijo: —ah bueno, es que hubo un accidente: se cayó un avión— ¡¡¡Verdeeeeeeee!!!, pensé.
Inmediatamente le puse a las noticias, que había cambiado por música mientras estaba en el metro. Obviamente, que ganara o no Obama ya no era relevante en la agenda informativa nacional. Luego de innumerables afirmaciones y negaciones cruzadas y simultáneas, lo confirmaron: Juan Camilo Mouriño iba en el Learjet accidentado en el cruce de Paseo de la Reforma y Periférico.
Durante horas quise enterarme sobre exactamente dónde había caído, si había personas o no, automóviles, edificios…nada. Finalmente, mucho tiempo después lo confirmaban: había alrededor de 40 heridos (actualmente la cifra está en 15 muertos). Era imposible que habiendo caído en ese lugar, nadie resultara lastimado. Sinceramente, considero un mal manejo de la información en ese sentido, todos conocemos a alguien que seguramente trabaja o vive por esos rumbos, y no saber si le cayó un avión encima es algo importante; entiendo que Mouriño es lo que mi profesor de periodismo llamaba una ‘eminencia’, pero en sus enseñanzas siempre estuvo el precepto de que nada es más relevante en una nota informativa que la vida humana, y no sólo la de estas 'eminencias', porque las personas sobre las que cayó un aparato desde el cielo, también lo eran.
Para cuando dieron a conocer esta información, yo ya había llamado a todas las personas que sabía que podrían estar en esa zona, afortunadamente las inclemencias del tiempo los habían enviado a su casa a descansar con una fuerte gripa.
Tras la lectura de poesía, intentaba llegar a mi casa, pero pareciera que el accidente había trastornado todo el Distrito Federal, porque el metro estaba llenísimo y lentísimo. Fue cuando decidí dar la vuelta y encontrar otra ruta de escape, que visualicé a Violet Veela, que estaba sopesando sus opciones para tomar una segunda vía a su casa. Curioso encuentro que por lo menos nos sacó una sonrisa.
Al llegar a mi casa, afortunadamente, encontré esa BuRBuJa De SiLeNCiO, en la que Mouriño no recibía más importancia de la que merecía, haya muerto joven o no, se llamara Iván o Juan Camilo, y haya sido un accidente, impericia de los pilotos, o, como yo lo veo, un hecho completamente fuera de lugar, cuyo verdadero motivo no conoceremos hasta dentro de muchos años, cuando —utópicamente— ninguno de los partidos que ahora existen gobierne el país.
Fue allí —en mi sacrosanto hogar— donde obtuve la información que originalmente me inquietaba, y que me demostró que es verdad que la esperanza no ha muerto. Si el pueblo de Estados Unidos ha progresado ideológicamente lo suficiente, como para superar su racismo, su miedo al cambio y aceptar sus errores (¡¡Coff!!¡¡Bush!!), quiero pensar que México tendrá tarde o temprano la misma evolución natural. Algunos dicen que para salir adelante primero hay que estar hasta el fondo, ojalá y estén equivocados, y no necesitemos enterrar la cabeza en ese fondo antes de buscar el camino hacia arriba.
Colofón:
Desde ese cuatro de noviembre, cada vez que voy por la calle y pasa un avión o un helicóptero sobre mi cabeza, he notado un fenómeno curioso: todos voltean a verlo. ¿Hasta ahora la mayoría de la población se ha dado cuenta de que estos pájaros de acero pueden representar un peligro?
Yo los admiro, los disfruto y amo viajar en ellos, pero muy en el fondo, cada vez que me subo en uno, y pienso en el trayecto que he de seguir, sea una hora o más de once, considero también las posibilidades de que algo pueda salir mal. Como todo lo hecho por el hombre, dependiendo del contexto y de las probabilidades, pueden resultar un arma letal; ya lo vimos con el World Trade Center en Nueva York y ahora lo vivimos en carne propia. Según las estadísticas, las probabilidades de morir en un accidente aéreo o espacial, son de uno entre 5 mil (http://teleobjetivo.org/blog/diferentes-causas-de-muerte-y-sus-probabilidades.html); en este DFectuoso, los chilangos empezaron a mirar al cielo, temiendo en convertirse en un número más.
2 de agosto de 2008
Carolina Alguacil y los mileuristas
19 de agosto de 2007
La primera nota que publiqué en N22
Presenta Virulo su nueva producción discográfica "El mundo está nuevecito" y habla de sus planes a futuro
Alhelí Navarro
Distrito Federal, México, 16/08.- En la presentación del nuevo disco de Virulo: El mundo está nuevecito habló del papel de su familia y del humor en su noveno trabajo discográfico, así como de sus ideales políticos y sus próximas producciones.
Alejandro García Villalón, mejor conocido como Virulo considera que este álbum es el más personal y que mejor refleja su personalidad, además de ser el primero que no contiene canciones basadas en el humor.
Dedicado a sus tres hijos, Rocío, Sebastián y Emiliano el disco representa un intento de definirse a sí mismo y regresar a sus orígenes en la nueva trova y en sus palabras: "como dijo Fox: este disco da un giro de 365° a mi carrera".
El artista cubano nunca había realizado la grabación de sus cuentos en un estudio hasta este trabajo, definido en sus propias palabras como "una extraña combinación de canciones y cuentos".
Esta producción no tiene fines pedagógicos o didácticos, sino que busca "compartir el espíritu, la importancia de la capacidad de asombro y de recuperar esa mirada fresca sobre el mundo que tienen los niños".
Según el cantautor "este álbum es el más íntimo y especial y no representa un espectáculo". Por lo que no tiene planeado presentarlo en ningún escenario, sin embargo no se separará de ellos, pues viajará a Venezuela y posteriormente se presentará en varias ciudades mexicanas como Morelia, Michoacán y León, Guanajuato. En la Ciudad de México estará el 14 de septiembre en La planta de luz con su espectáculo Sexo, luego existo, después pienso si me acuerdo.
Cuando se le interrogó si le haría una canción a Hugo Chávez en su próxima visita a Venezuela el intérprete respondió que actualmente ese país se encuentra en una muy buena relación con su tierra natal Cuba, por lo que él no querría buscarse problemas.
En cuanto a la situación política de la isla se encuentra optimista, pues espera la mejora a corto plazo de la economía cubana por la explotación de yacimientos de petróleo encontrados al norte de Cuba y por la ayuda del presidente de Venezuela.
Actualmente se encuentra preparando dos nuevas producciones discográficas, la primera de ellas está dedicada especialmente a México y recibe el nombre de Comes y te vas, con temas que hablan de la comida mexicana y de temas políticos como el desafuero de Andrés Manuel López Obrador; la segunda se titula El último que ríe es el que piensa más lento y cuenta con el sello del humor típico de Virulo, hecho con "la cabeza fría y el corazón caliente".
Nota publicada en http://www.canal22.org.mx/noticias/noticia.html?n=3039, donde aparece su versión corregida y editada.