Cuando llegó a casa, su madre estaba tumbada en el suelo, tapada con una manta y viendo la televisión. Estaba viendo dibujos animados. Ni siquiera lo miró.
—¿No has ido a trabajar?
—Por la mañana, sí. Pero me he tomado la tarde libre; creo que estoy enferma.
—¿Enferma? ¿De qué?
No hubo respuesta.
Eso no estaba bien. No era más que un niño. Últimamente, a medida que crecía pensaba cada vez más en ello. No sabía por qué. Tal vez fuese porque cuando de veras sólo era un niño le resultaba imposible reconocerlo: hay que llegar a cierta edad para darse cuenta de que en realidad se es bastante joven.
Nick Hornby.
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